Visitando la capital de Cabo Verde, Praia

Dormimos la primera noche en la capital de Cabo Verde, Praia como bebés en Vivienda Viviani. Desayunamos bastante bien en el comedor de nuestro alojamiento. En otros viajes nos hemos buscado la vida para desayunar y está bien, hay que reconocer que es súper cómodo tener el desayuno en el alojamiento, sobretodo cuando acabas de llegar a tu destino y prácticamente no sabes ni dónde tienes el pie derecho.

Vendedora de pescado en la capital de Cabo Verde
Vendedora de pescado en Praia

Descansados y con la barriga llena todo se ve más positivo. Salimos dispuestos a descubrir Praia la capital de Cabo Verde. Nuestro primer destino, el mercado de pescado en el puerto. Habíamos leído que era un imprescindible y no nos lo debíamos perder.

La zona del mercado del pescado
La zona del mercado del pescado

Llegamos en taxi por 300cvd (unos 3€) y al acercarnos ya descubrimos el movimiento constante de gente. En la puerta Quim preguntó si podíamos entrar y nos dijeron que con Éric no, ¡zas! la primera en la frente. Recién llegados, con un calor sofocante y sin sombra donde resguardarse el que se quedara fuera con Éric. Decidimos no entrar y nos conformamos hablando con la gente que estaba fuera vendiendo pescado y haciendo algunas fotos.

Vendedora en el mercado municipal de la capital de Cabo Verde
Vendedora en el mercado municipal

La gente de Cabo Verde es especial, hay una palabra para definirlos; morabeza. Significa más o menos que tienen muy buen rollo, son amables y muy acogedores. Aquí en el mercado ya lo pudimos comprobar. Éric llamó la atención de varias personas que nos saludaban chocando el puño y hablamos con algunas vendedoras que se mostraron encantadas cuando les pedí hacer alguna foto.

Un modo habitual de transportar cosas pesadas
Un modo habitual de transportar cosas pesadas

Nuestro primer destino dio para poco, así que de nuevo un taxi esta vez rumbo al mercado. Otra vez gente por todas partes, movimiento a tope y nosotros al principio un poco torpes en medio del mercado sin decidirnos por dónde empezar. Quim fue a por agua, mientras un hombre se nos acercó interesándose por nuestra procedencia, nos invitó a recorrer el mercado y hacer fotos.

Una báscula en el mercado
Una báscula en el mercado

Así fue, poco a poco fuimos recorriendo los pasillos, entre miradas curiosas y gente más o menos receptiva. El mercado tiene dos plantas, y casi todos los puestos venden lo mismo, frutas y verduras. Es algo que nos llamó mucho la atención, un mercado donde todos venden lo mismo, pero mira ahí están.

Una pequeña zona para los niños en la parte vieja
Una pequeña zona para los niños en la parte vieja

Esto ya era otra cosa, empezábamos a coger el ritmo de la ciudad y continuamos nuestro recorrido hasta la plaza Alexandre de Alburquerque. Comenzó a llover un poco y nos refugiamos en un bar con terraza tapada. Tomamos algo fresco y nos encontramos con otro grupo de españoles. ¡Debíamos ser los únicos de la ciudad y ahí estábamos todos!

Una mariposa dentro de la ciudad
Una mariposa dentro de la ciudad

En la misma plaza está la iglesia y el ayuntamiento, no son gran cosa pero la verdad es que a nivel arquitectónico en Praia hay poco que ver. Justo detrás del ayuntamiento está el palacio de La República donde vive el presidente en la capital de Cabo Verde. Pasamos por allí y nos sorprendió que los militares no se mostraran reacios a nuestras fotos. Hicimos algunas interesantes y nos asomamos al mirador que hay al lado del monumento Diogo Gomes.

Monumento de Diogo Gomes en la capital de Cabo Verde
Monumento de Diogo Gomes

Desde ahí vimos la playa con algunos embarcaderos hechos polvo y nos apeteció bajar a ver que veíamos de cerca. Unos pescadores estaban reparando las redes, se quedaron cuidando de nuestro carro y fuimos por el embarcadero o lo que queda de él para ver la Isla de Santa María desde aquí. Es un islote donde se aprecian las ruinas de un edificio, aquí llevaban a los leprosos antiguamente.

La isla de Santa María
La isla de Santa María

Tras la visita subimos de nuevo un taxi, vimos que iba a ser la forma habitual de movernos por allí, que nos llevó al centro comercial. No penséis en un centro comercial como los de España, enorme con mil tiendas y restaurantes, no, aquí el centro comercial son unas pocas tiendas y algún restaurante de comida rápida.

Vivienda Viviani en la capital de Cabo Verde
Vivienda Viviani en Praia

Las costumbres son diferentes y para ellos un sábado al medio día no es sinónimo de salir a comer, así que los pocos restaurantes de comida rápida estaban cerrados y solo nos quedaba uno más grande, el restaurante Mirage. Tiene una terraza bastante chula desde donde veíamos como rompían las olas. Terminó siendo un descubrimiento y comimos bastante bien. Como no el grupo de españoles, en concreto gallegos, volvían a estar aquí. Es inevitable caer en el mismo sitio cuando hay tan poca oferta.

Una mujer en Praia
Una mujer en Praia

El fresquito de la terraza con la brisa, se nos quitó en dos segundos de camino al hotel. Si algo aprendimos rápido es que al medio día mejor no salir, o lo mínimo. Llegamos acalorados y directos a la pequeña piscina que es un verdadero lujo y disfrutamos como locos.

La piscina de Viviani en la capital de Cabo Verde
La piscina de Viviani

Por la tarde teníamos intención de ir a la playa. En Praia no hay grandes playas y nos habían recomendado una con arena más clara y bastante tranquila, A Prainha. Viviani, el dueño del hotel nos había explicado cómo llegar entre otros mil datos de la ciudad y cómo movernos, así que cogimos el taxi y el problema llegó cuando tuvimos que recordar el nombre de la playa. Yo daba por hecho que Quim lo sabía y él no se acordaba, por suerte con mi cara de pocos amigos parece que se le iluminó la bombilla y dijo el único nombre del que se acordaba al taxista….¡Bingo! tuvimos suerte y era la correcta.

La playa de Prainha
La playa de Prainha

Llegamos a la playa con poca luz pero en plena ebullición. En este país no suelen ir a la playa a pleno día y la gente disfruta hasta que se va la luz del fresquito. Así que no íbamos a ser menos, el agua cálida y muy tranquila. Y total, se nos veía perfectamente, los únicos blancos de la playa y se nos veía a distancia!! jaja.

De noche ya nos dijeron que nosotros como turistas (y blancos) debíamos tener mucho cuidado, así que al anochecer subimos a la carretera para coger un taxi. Por desgracia vimos a un chico correr con un bolso en la mano, acababa de robar a una mujer…está claro que hay que ir con mil ojos. ¡Entendido alto y claro!

Si quieres viajar a Cabo Verde tenemos un enlace con algunos consejos sobre el páis.

Somos una familia a la que nos encanta viajar, hacer escapadas y la fotografía. Aquí reunimos muchas de nuestras actividades. ¡Viajar con niños es posible!

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