Península Valdés Avistamiento de Ballenas

Por fin nos ibamoss a dirigir a Puerto Madryn para realizar uno de nuestros objetivos de este viaje, el avistamiento de ballenas. Una experiencia que teníamos muchas ganas de vivir. Poder ver a los grandes cetáceos de los océanos ante nosotros iba a ser inolvidable. Aunque tuvimos algún que otro problema.

Nuestro autobús salió Bariloche a las 18 horas rumbo a Puerto Madryn. Esta vez el autocar era mucho mejor, tuvimos la buena suerte de elegir cama, nos pareció todo un lujo poder viajar así. Después de la referencia de 35 horas en un autocar cochambroso, este a su lado era una maravilla. No nos quedaban muchos días de viaje por lo que lo habíamos organizado todo desde Bariloche, con la ayuda del Hostel Las Moiras.

Ñandús corriendo en Península Valdés
Ñandús corriendo en Península Valdés

Habíamos planeado una visita relámpago para recorrer Península Valdés y poder hacer el avistamiento de las ballenas. Por la noche debíamos tomar otro autobús rumbo a Buenos Aires. Pero una vez más nos dimos cuenta que todo sale mejor cuando no lo llevas preparado, y de nuevo tuvimos que realizar cambios importantes en nuestros planes.

Llegamos a las 7h de la mañana del día siguiente a Puerto Madryn. A las 8.00 se suponía que la empresa que habíamos contratado para que nos llevara a hacer las actividades nos recogería. Tuvimos un rato para despejarnos y guardar nuestras mochilas en las taquillas de la estación. Finalmente a las 8.20 nuestra guía apareció. Realizamos una ruta por diferentes hostales recogiendo a los turistas que nos acompañarían ese día y sin más nos dirigimos hacía Península Valdés.

Visitando Península Valdés

De camino a Peninsula Valdés nuestra guía, Karina, nos explicó que había un fuerte temporal de viento y que de momento el puerto estaba cerrado por lo que seguramente no se podría realizar el avistamiento de ballenas ese día. Todos nos desanimamos bastante, de modo que decidieron realizar la ruta por Península Valdés primero y al medio día se vería si las condiciones habían mejorado para navegar.

Pingüino en Península Valdés
Pingüino en Península Valdés

Previo pago de 45 pesos los extranjeros y 14 pesos los Argentinos, algo chocante para los europeos ya que aquí no hacemos esas distinciones, comenzamos la visita por la península. Transcurrió con muy buena predisposición por parte de los pasajeros pero desde luego con poca por parte de nuestra guía. Nos enseñaron unas salinas, desde el coche, sin posibilidad de acercarnos y mucho menos de bajar del mismo.

Tuvimos la suerte de ver varios animales por el camino, como por ejemplo lo que llaman ellos liebres, que no se parecen en nada a las que nosotros tenemos en mente, guanacos y ñandús. Cuando Karina veía alguno en la carretera avisaba al conductor, de modo que paraban el coche y se situaban lo más cerca posible para que durante unos instantes pudiéramos fotografiarlos desde nuestros asientos. En esta parte sin duda lo que más nos gustaron fueron los ñandús, tuvimos la ocasión de ver a unos padres con bastantes crías al lado de la carretera.

Discutiendo por el espacio
Discutiendo por el espacio

Nuestra guía se duerme

Según avanzábamos por la carretera parece ser que nuestra guía se iba aburriendo, hasta quedarse dormida. Uno de los pasajeros, un tipo simpático de Buenos Aires, realizó todo tipo de ruidos para intentar que volviera en sí, pero no había forma y ante la sorpresa del resto de los pasajeros la buena mujer se pudo echar una buena siesta. El conductor pegó un frenazo porque había visto unos cuantos guanacos cerca.

Karina con el susto de no saber muy bien donde estaba solo acertó a coger el micrófono y decir; «se confirma, son guanacos».Al fin llegamos a nuestra primera parada, una zona donde se encuentran las focas y los leones marinos. En esta época lo que más hay son focas, así que pudimos disfrutar un buen rato viéndolas en su hábitat. Desde ahí los que quisieran tenían la posibilidad de caminar un poco hasta divisar la Caleta Valdés, una formación en forma de brazo que va variando de tamaño y desde esa zona se ve bastante bien.

Guanacos
Guanacos

Continuamos nuestra visita y paramos en la pequeña colonia de pingüinos que había cerca. Nos sorprendió muchísimo comprobar que estaban muy cerca, algunos los llegamos a tener a tan solo un metro de nosotros, fue genial. Unas cuantas fotos y vuelta al vehículo rumbo a Puerto Pirámides para ver si podíamos navegar. Al llegar nos dieron la noticia que ninguno quería oír, el puerto seguía cerrado y a priori seguiría así todo el día.

No íbamos a ver ballenas 🙁

Nos dijeron que volverían a contactar tras la comida pero desde luego no pintaba bien. El grupo se dispersó, los ánimos no estaban muy bien, de modo que cada uno comió por su lado y nos reunimos a la hora indicada. El tiempo no mejoraba por lo que no abrirían el puerto. Las caras de la gente eran un poema así que nos propusieron realizar el avistamiento de las ballenas a primera hora del día siguiente, aseguraban que haría buen tiempo.

Tomando el sol
Tomando el sol

Teníamos el billete para esa misma noche hacia Buenos Aires. No sabíamos que hacer. Por un lado pensábamos que era un lío cambiarlo todo, pero por otro sabíamos que ir hasta allí para no ver las ballenas era una pérdida de tiempo. Los otros animales estaban bien pero no habíamos hecho tantos kilómsetros para no ver las ballenas. Tras unos momentos de reflexión decidimos intentarlo, cambiaríamos los billetes, si había sitio para el día siguiente y trataríamos de encontrar alojamiento. Nos llevaron a ver otra pequeña colonia de leones marinos, quedaban muy pocos pero por lo menos pudimos disfrutar de unos cuantos.

El esqueleto de una ballena en el centro de interpretación
El esqueleto de una ballena en el centro de interpretación

De vuelta a Puerto Madryn, nuestra guía Karina se volvió a dormir profundamente, ya ni siquiera nos sorprendía, simplemente nos hacía gracia, muy poco profesional pero resultaba cómico. Fuimos con ella a la oficina, su jefe nos intentó colocar en su carísimo Gualicho, un hostel que estaba muy bien y que ya nos habían recomendado.

No quedaban habitaciones baratas pero nos trataron tan bien intentando encontrar otro sitio, que al final y ante lo complicado del tema por ser puente decidimos quedarnos allí. El paso ya estaba dado, nos dimos una vuelta por el pueblo y con la esperanza de haber hecho bien al cambiar los planes, nos fuimos a dormir agotados de tanto ajetreo.

Avistamiento de Ballenas

A las 7.00 del día siguiente, nos pasaron a buscar al hostel, el tipo simpático de Buenos Aires también estaba allí alojado, de modo que emprendimos juntos el nuevo día. Esta vez la cosa prometía, nada de viento y un sol radiante. La guía, que se llamaba Andrea, no tenía nada que ver con la del día anterior. Durante la hora que duró el trayecto nos estuvo informando largo y tendido sobre la fauna de Península Valdés, nos contó parte de la historia y además nos dio todo tipo de detalles a cerca de las ballenas, desde luego el día se presentaba mucho mejor.

Por fin conseguimos el avistamiento de las ballenas
Por fin conseguimos el avistamiento de las ballenas

Llegamos a Puerto Pirámides y embarcamos con la ilusión de realizar el avistamiento de ballenas. El capitán nos dijo que estábamos al final de la temporada y el día anterior no pudieron salir, no tenían la seguridad de que aun hubiera ballenas. De todos modos había que intentarlo. Ante la sorpresa del capitán la espera duró poco tiempo, enseguida vimos a la primera ballena, se trataba de un ballenato solo, la madre había muerto y parecía que la estaban alimentando entre varias madres.

La cola de una ballena, durante el avistamiento
La cola de una ballena

Lo peor llegaría cuando se fuesen al sur, seguramente no se lo llevarían. Una pena porque ella sola no podría salir adelante. La primera impresión al ver el ballenato fue de mucha ilusión, es un animal que sobrecoge, era muy pequeño para lo que son las ballenas adultas pero igualmente era impresionante. Estuvimos un buen rato observándolo y con una sonrisa en la boca fuimos en busca de más avistamientos de ballenas.

Un ballenato albino
Un ballenato albino

Al otro lado del barco pudimos ver a una madre con su cría. La madre nos dijeron que era pequeña, unos 13 metros. Increíble que te digan que eso es pequeño, era bastante más grande que nuestro barco y cuando nos dejaba ver su tamaño impresionaba muchísimo. Como el día anterior no habían podido dar de comer a sus crías, ese día aprovechaban por lo que estaban muy tranquilas y solo se alteraban cuando alguna gaviota les picaba, una auténtica pasada.

Disfrutando de las enormes ballenas, durante el avistameinto
Disfrutando de las enormes ballenas

La sorpresa del día llegó unos minutos más tarde, cuando nos dirigíamos a otra zona nos encontramos con otro cachorro con su madre, en esta ocasión era más especial si puede ser. El ballenato era albino, parece ser que tenía un problema en la pigmentación de la piel y por eso era así, algo muy poco común que le hace muy vulnerable, por suerte cuando se hacen adultos su color se oscurece hasta hacerse casi tan oscuros como el resto.

Remolcando la barca del avistamiento de las ballenas
Remolcando la barca

Nos dijeron estábamos teniendo muy buena suerte ya que solo le habían visto en 7 ocasiones durante toda la temporada. Con agujetas en el brazo de tanto hacer fotos y con los ojos como platos por todo lo que acabábamos de ver, nos fuimos de nuevo hacia el puerto. Definitivamente el cambio había merecido la pena, pasamos de tener un muy mal día, a tener una experiencia incomparable. Con una enorme sonrisa en la boca, cogimos nuestros autobús rumbo a Buenos Aires y aunque de nuevo en esta ocasión nos tocaría ir en semi-cama, no nos importaba, habíamos conseguido el avistamiento de las ballenas.

La empresa con la que hicimos el avistamiento de las ballenas fue Whales Argentina.

Somos una familia a la que nos encanta viajar, hacer escapadas y la fotografía. Aquí reunimos muchas de nuestras actividades. ¡Viajar con niños es posible!

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