En este viaje íbamos muy relajados y parecía que nos costaba ponernos con el blog, incluso con nuestro libro de viaje. Íbamos a conocer las Minas de Ríotinto, nos hacía mucha ilusión conocer este lugar de colores tan extraños. También aprovechamos para explorar un poco la zona. Descubrimos algunos lugares muy curiosos y alguna sorpresa que no esperábamos encontrar.

Retomando el viaje después de Mérida nos dirigimos a Andalucía, concretamente a Fuenteherida en la sierra de Huelva. Plantamos la tienda en un camping muy tranquilo que se llama el Madroñal lleno de castaños. Una vez instalados nos acercamos a Aracena que está a pocos kilómetros. Un pueblo tranquilo en el que su mayor atractivo turístico es la Gruta de las Maravillas. No entramos ya que hemos estado en muchas cuevas y el precio tampoco invitaba, pero seguro que son muy bonitas.
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Cómo llegar a Minas de Ríotinto
La mejor manera de llegar a Minas de Ríotinto es en vehículo propio, porque luego te podrás desplazar por la zona y descubrir lugares curiosos como nos pasó a nosotros. Puedes llegar hasta el desvío a pueblo a través de la carretera N-435 desde Huelva o desde Jabugo. Si te desplazas desde Huelva, cuando pases el pueblo de Zalamea la Real, a los pocos kilómetros verás el desvío a Minas de Ríotinto por la carretera A-461. Desde Jabugo hasta ese cruce hay unos 40 kilómetros, desde ese cruce hasta Ríotinto no llega a 6 kilómetros la distancia que tendrás que recorrer.
Nos acercamos a Jabugo
Dimos una vuelta por Aracena y subimos al castillo que está en ruinas. Desde allí se aprecia todo el pueblo y la vista es espectacular. Después decidimos acercarnos a Jabugo, pero descubrimos que no hay mucho que ver. El pueblo es muy bonito y tranquilo pero esperábamos encontrar más de lo que había, al fin y al cabo de ahí sale un jamón magnífico. Incluso intentamos ver los famosos cerdos de Jabugo, pero nuestro olfato nos falló y no supimos encontrarlos.

Debido al poco éxito nos volvimos a Fuenteherida en donde había bastante vida y nos tomamos algo fresquito en una terraza. Después de cenar en el camping, fuimos al bar de este para descargar las tarjetas de las cámaras, escribir, etc… En el interior del bar nos encontramos con Fernando un ciclista de Huelva que habíamos conocido por la mañana. Estaba de ruta y me agregué a la conversación que mantenía con Santi, el camarero del bar.
Más tarde se unió Elena que estaba fuera alucinando porque había desaparecido. Entre cerveza y cerveza fuimos disfrutando de una agradable conversación, acompañados de unos tomates con los que nos obsequió Santi, procedentes de su huerta y que estaban buenísimos.
Las Minas de Ríotinto
Al día siguiente madrugamos, sí has leído bien. Nos dirigimos a las Minas de Ríotinto, el día anterior llamamos para reservar pero dijeron que no era necesario, suponemos que es porque estamos fuera de temporada. Llegamos al Museo que es dónde se encuentra el centro de información, abría a las 10:30. Un hombre muy amable nos informó de las diferentes opciones y sobre todo nos dijo que lo que ellos ofrecían, también lo podíamos hacer nosotros por nuestra cuenta salvo algunas excepciones de acceso a algunos lugares.

Decidimos ir por nuestra cuenta hasta las 13:30 que era la hora a la que salía el tren que recorre la zona minera de Ríotinto por 10€. Hicimos un recorrido a nuestro aire deteniéndonos en diferentes lugares para realizar fotos y subimos hasta peña de hierro en donde estuvimos solos. La zona es increíble a pesar de lo árida que es. Las diferentes tonalidades que tiene la tierra, junto con el intenso rojo del río que va dando color a las zonas por las que pasa, hace que el espectáculo sea increíble debido a la gran concentración de hierro que contienen sus aguas.

En Tren por las minas de Ríotinto
Paramos en Nerva para tomar algo antes de subir al tren, llegamos con el tiempo justo, de hecho fuimos los últimos en subir. El recorrido es muy bonito, lástima que solo pare al final del recorrido porque la máquina tiene que cambiar de lado para tirar del convoy. Sería estupendo que parase en una estación intermedia con vagones y máquinas abandonadas, pero no lo hace.

Durante la ida había una guía que iba dando explicaciones muy buenas sobre la historia y la zona de las minas de Ríotinto. Una vez finalizado el recorrido volvimos al pueblo para comer algo, nos dirigimos a un restaurante que tenía el menú más barato muy cerca del museo a 7€. No era gran cosa, pero bueno no se puede tener todo, no estaba mal por el precio.
Descubrimos un taller abandonado en Ríotinto
Nos acercamos al barrio inglés, las casas son de la época en la que los ingleses dirigieron las minas y son curiosas. La casa 21 estaba cerrada porque la estaban reformando y no pudimos ver cómo vivían entonces. Desde aquí nos acercamos a un mirador que hay para poder ver el espectacular Cerro Colorado. Eran las 17h y la luz era malísima por lo que decidimos esperar un poco, muy cerca hay otra mina abierta bastante grande.

Sobre las 18h nos acercamos y para nuestra sorpresa descubrimos unos talleres abandonados. Nos sorprendió porque había botellas de oxígeno, máscaras y diversos utensilios desperdigados por el suelo. Cómo nos gustan este tipo de cosas y conocemos las reglas sobre los sitios abandonados hicimos lo propio. Respetamos la zona sin alterar nada, sin llevarnos ningún objeto y teniendo mucho cuidado en donde pisábamos para que otro pudiera disfrutar de la misma experiencia, tampoco revelaremos el lugar exacto.

Con este buen sabor de boca nos subimos al coche para volver a nuestro campamento y hacer una paradita para que Elena pudiera probar un queso pestoso y de paso un poco de jamoncito de la zona.
Camino a Doñana
Al día siguiente abandonamos las Minas de Ríotinto, recogimos y pusimos rumbo a Doñana, concretamente al camping Doñana playa. Antes visitamos el abandonado camping que anuncian en la carretera que está justo al lado de Matalascañas. No hagas caso a esas indicaciones sigue dirección Mazagón. Fuera de temporada el camping era más barato, no estaba muy lleno de gente, pero viendo las dimensiones del recinto nunca nos encontraréis por aquí en temporada alta, desde la recepción a la playa hay 1km.

La playa junto al camping era una caña, la temperatura del agua ideal y apenas había gente. Nuestras vacaciones iban a sufrir una pausa inesperada. La hermana de Elena estaba en Mérida y claro como están “al lado” decidieron venir hasta aquí sin nada, ropa, tienda, etc… con nuestros sobrinos. Después de playa, piscina, playa, nos acercamos al Rocío para verlo y desde aquí separarnos después de dar una vuelta en un carro tirado por un caballo por las calles arenosas del pueblo.



Increíble lo peculiar que son las Minas de Río Tinto, nadie debería pasar por alto esta maravilla.
La próxima vez, os esperamos en nuestro Hotel para que disfrutéis sin preocupaciones y rodeados de un entorno único.
Es una zona preciosa y seguro que volveremos a visitarla en el futuro, os haremos una visita.