En este viaje nuestra primera parada iba a ser en Mérida en la antigua Emerita Augusta. Como siempre habíamos cambiado nuestro destino, al principio íbamos a ir a Normandía en Octubre, pero cambiamos el viaje a Septiembre. Una de las razones principales era por el embarazo de Elena y no queríamos hacer tantos kilómetros. Al final hicimos unos cuantos…

Hicimos escala en Madrid para ver a la familia y de allí nos dirigimos a tierras extremeñas. El camino un secarral impresionante, el paisaje monótono y amarillo…que a otra hora del día seguro que tiene atractivo, pero al medio día era en un rollo. Suerte que más o menos Mérida estaba a tiro de piedra y en 3 horas llegamos allí.
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Mérida, de camping
Nos alojamos en el Camping Mérida. Está a unos 5 km de la ciudad y no tiene pérdida. El camping no estaba mal, tiene sombra que es de agradecer y una piscina muy grande. Eso sí las instalaciones bastante viejas y no se puede pagar con tarjeta, a tener en cuenta porque los cajeros más cercanos están en la ciudad.

Visitando la ciudad
Nada más llegar e instalarnos pusimos rumbo a Mérida donde nos esperaba la primera comida del viaje. Paramos en la Plaza España en un restaurante que nos recomendaron, Mesón El Pestorejo. Pedimos tres medias raciones y menos mal porque son ¡gigantes! Nos pusimos hasta arriba, muy recomendables las croquetas de jamón…al más puro estilo de la yaya (por lo menos de la mía, aunque ella las llama “clocletas”).

Ansiosos por ver sitios nos dirigimos al Anfiteatro y el Circo Romano de Mérida. Existe una entrada combinada que cuesta 12€ y permite visitar todos los sitios importantes, además no caduca de modo que lo puedes ir utilizando en diferentes momentos sin prisas ni presiones. La visita nos encantó, yo ya estuve hace años pero solo me acordaba del anfiteatro, lo recorrimos palmo a palmo disfrutando imaginándonos cómo sería en la época…una pasada la verdad.

Así que con buen sabor de boca y muertos de calor, de nuevo a la Plaza España a tomar algo fresquito y rumbo al camping, donde Quim se comió un marrón de su trabajo que tuvo que resolver (sí en vacaciones, a veces pasa). El caso es que nos dieron las mil así que reventados fuimos la cama donde dormimos como lirones.
Segundo día visitando la antigua ciudad
Al día siguiente madrugamos dentro de lo posible para no comernos todo el calor, la idea era seguir un poco los horarios de la gente de aquí. Es decir salir a primera hora de la mañana y a última de la tarde para no morir en el intento. Nos funcionó la técnica a medias, porque claro esas horas ellos están fresquitos en sus casas, pero nosotros pese a la piscina, estábamos en la puñetera calle asados de calor….bufff.
La Alcazaba de Mérida
Por la mañana visita a la Alcazaba casi totalmente solos, es lo que tiene ir pronto y fuera de temporada, La Morería y la Cripta de Santa Eulalia. Vamos por partes, La Alcazaba nos gustó bastante, se puede disfrutar
de la vista del puente romano desde la muralla, el Aljibe, donde recogían el agua que se filtraba desde el río y algunos restos más de casas etc.

La Morería también nos gustó bastante, casi todo se puede ver desde fuera. Justo en el centro están las ruinas de una antigua casa bastante chula. Y por último la Cripta que también nos gustó bastante y donde se pueden apreciar diferentes restos tanto romanos como de distintas épocas.
Lo que es una pena es que en casi todos los casos hay carteles indicando que no se puede continuar por algunos caminos porque no han terminado las labores de arqueología. La pena no es esa, sino que está todo parado y a saber cuándo continuarán.
Una pausa refrescante
Nuestro plan continuó así que directos a la piscina del camping, llena de bichos pero con el agua super fresquita así que de algo nos sirvió el baño. Calor y más calor, momento de ahuyentar avispas y a una hora prudencial rumbo de nuevo a Mérida. Terminamos el día con las visitas al Acueducto, bastante chulo aunque no se conserva mucho, la Casa del Mitreo que nos encantó y Los Columbarios que también nos gustaron mucho. En esta última, visita nos encontramos que no había nadie para fichar, en su lugar un cartel indicando que fuéramos pasando… ¡esto es vida!

Como nota final a nuestra visita a Mérida un nuevo paseo por el casco antiguo que es muy chulo y a esperar el atardecer junto al Templo de Diana. Quim se explayó con sus fotos, sí lo admito yo a estas horas ya estaba matada de tanto calor y preferí ver como curraba él 😉
Al día siguiente tocaba recoger para seguir con nuestra ruta hacía Andalucía en donde haríamos nuestra primera parada en las Minas de Río Tinto.


