En Tarrafal, en este lugar tan bonito existió uno de esos lugares creados por la crueldad humana y que tanto daño hicieron. El Campo de Muerte Lenta. Construido por el gobierno portugués en 1936 para enviar a presos políticos y a cualquiera que se le pusiese por en medio que pudiese amenazar la estabilidad del país.

Buscando un lugar para desayunar en Tarrafal
Comenzamos el día con el pie cambiado. Salimos de la pensión y nos pusimos a buscar un lugar donde almorzar en Tarrafal sin mucho éxito. El concepto de ellos es diferente al nuestro y el único lugar que encontramos solo nos ofrecía hamburguesas y el plato típico de Cabo Verde, la cachupa, un poco fuerte para nosotros.
Casualmente nos cruzamos con la dueña de la pensión y nos informó que teníamos el desayuno esperándonos en el restaurante de ellos. Nos debería haber informado el primer día, quizás lo hizo pero no la entendimos. Le dimos las gracias y nos dirigimos hambrientos hacía a allí. Una suculenta variedad de ingredientes nos estaba esperando y que casi nos perdemos, somos un caso.
Con mejor cara hacemos algunas fotos en la playa y encontramos un grupo de mujeres junto a las barcas de los pescadores. Les hacemos algunas fotos y nos reímos con ellas ya que alguna se anima y hace bromas, nos lo pasamos muy bien.

Fuimos a la búsqueda de un medio de transporte. El campo de concentración se encuentra a las afueras de Tarrafal. Para poder ir le preguntamos a un policía cual sería la mejor manera y nos dijo que lo idóneo es ir en pickup, un servicio que hay por todo Cabo Verde. Es un vehículo que en la caja de la parte trasera cubierta por un toldo hay dos tablones para ir sentado, es el medio más barato en las islas. Hablamos con el dueño y por 2€ nos dejaba en la puerta, eso todos no por persona, si lo hubiéramos descubierto antes…
Nos subimos a la parte trasera y en seguida se puso en marcha. Por el camino cogimos a otro pasajero, nos lo pasamos muy bien por que era una novedad aunque no es muy cómodo. El conductor se pasó la entrada y tuvo que dar marcha atrás, pero nos dejó en la puerta.

En seguida aparecieron unos niños pequeños pidiendo dinero, ya habíamos leído que nos los encontraríamos, es mejor no dar dinero porque los acostumbras a mendigar.
Hay una taquilla en la entrada con dos mujeres con una acumulación de aburrimiento considerable y sin rastro de Morabeza por ninguna parte. La entrada solo nos costó 100 escudos, menos de 1€. Las dejamos atrás con su enemigo, el tiempo y nos adentramos en este campo del horror.
Campo de Muerte Lenta
Nunca habíamos estado en un lugar así. La verdad es que sientes una sensación extraña. Sabes lo que ha ocurrido pero es imposible llegar a imaginar el sufrimiento de las personas que tuvieron la desgracia de pasar por allí. Algunos lo pagaron con sus vidas.

Nada mas entrar en el Campo de Tarrafal, lo primero que ves es el puesto de socorro. En su interior hay unos paneles informativos explicando las duras condiciones a las que se enfrentaban a diario los presos. Tenían prohibido hervir el agua, entre los prisioneros había una red de solidaridad. Fabricaron filtros con piedra volcánica para el agua, distribuían los pocos medicamentos que tenían, entre otros impedimentos.

Durante el periodo que estuvo abierto el centro en Tarrafal, perdieron la vida 36 personas. La mayoría de las muertes fueron provocadas por una fiebre del agua negra que provocaba la picadura de los mosquitos. La enfermería una vez que la recorres te das cuenta que tiene unas dimensiones que son ridículas dadas las dimensiones del campo. También era una razón de presión hacia los presos, la escasa atención médica y sin medios.

También se utilizaba la alimentación como arma para maltratar a los presos. La comida era de muy mala calidad y en cantidades pequeñas, a través de ella también contraían enfermedades.

Los barracones en los que encerraban a los prisioneros eran enormes salas diáfanas. Las duchas y lavabos desproporcionados para el volumen de personas que podrían albergar. Vimos una minúscula celda a la que llamaban la «Frigideira» que más tarde fue sustituida por la «Holandinha». Era una celda oculta en el interior de otra construcción sin luz y de dimensiones ridículas para doblegar la voluntad de los presos.

En mayo de 1974 por fin cesó su actividad. En este centro por el que pasaron 340 personas compuesto por portugueses, angoleños, guineanos y cabo-verdianos. Cuando entraban en este campo de tortura se les recibía diciéndoles «A Tarrafal se viene a morir». Por suerte muchos de ellos consiguieron sobrevivir a las duras condiciones.

Vuelta a Tarrafal
De vuelta al pueblo de Tarrafal, volvimos a subir a otra pickup. A Éric le encantaba la idea y a Elena también le hacía ilusión volver a utilizar este medio de transporte. Ya era la hora de comer así que hicimos caso a Viviani y fuimos al Restaurante Vistamare junto a Mar de Baixo en la playa. El local está muy bien y nos dimos el capricho de comer espaguetis con gambas, riquísimos. Fue la comida más cara del viaje, pero aún no nos habíamos dado ninguna concesión así durante el viaje.

Nos acercamos al centro en busca de un aluguer. En seguida un hombre nos ayudó a conseguirlo. Tras las vueltas de costumbre por el pueblo y recoger a más gente salimos hasta los topes, no cabía ni un tornillo a martillazos. Aún así subió más gente. Volvimos sin ningún incidente a Praia tras hacer el mismo recorrido que el día anterior.
Si tienes pensado visitar Cabo Verde, en esta entrada tenemos información útil para moverse por el país. También dejamos el enlace a la página de turismo de Cabo Verde.



Encuentro muy interesante vuestra experiencia, en Senegal conocí familias, francesas sobretodo, qué viajaban en velero toda la familia.
Tuve la oportunidad de ir con ellos y no lo hice, ahora me arrepiento.
Convencida de lo enriquecedor que es viajar
Muchas gracias Lurdes.