Nos acercamos a Comillas para conocer «El Capricho» de Gaudí. Nosotros vivimos en Barcelona, eso nos da la ventaja de tener al alcance de nuestra mano numerosas obras del genial Arquitecto. Así que cuando fuimos a Cantabria, no podía faltar una escapada para ver con nuestros propios ojos una de las primeras obras de este genial arquitecto.

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Gaudí ausente en Comillas
Aunque parezca increíble esta obra cuando fue ejecutada Gaudí no la dirigió. Él estaba realizando la Casa Vicens. La obra la hizo Cristobal Cascante que fue amigo y compañero de promoción. Gracias a los planos e instrucciones detalladas que tenía por parte de Gaudí. Cristobal realizó una obra impresionante y cuesta creer que nunca estuviera durante la construcción quien lo diseñó.

Este singular edificio lo ordenó construir un abogado que se hizo rico en América. Máximo Díaz de Quijano (1838-1885), se encargaba de los asuntos legales del Marqués de Comillas. Por esta razón la casa se encuentra al lado del Palacio de Sobrellano propiedad del Marqués.
Tampoco queremos ponernos pesados con datos históricos que se pueden consultar en la web que gestiona las visitas.

Visitando «El Capricho» en Comillas
El tiempo no acompañaba mucho, para variar en esta escapada. En cuanto el edificio apareció ante nuestros ojos nos deslumbró su belleza. Lo primero que nos llamó la atención, fueron sus cientos de girasoles pintados a mano sobre la cerámica en busca del sol que deseábamos que apareciera.

Con la entrada cuando estuvimos estaba incluida la visita guiada. Nuestra guía nos explicó con un entusiasmo contagioso las peculiaridades de la casa y después de mostrarnos algunos detalle del exterior pasamos al interior de la casa.
Actualmente se puede visitar El Capricho por libre y disfrutar de los fabulosos rincones que tiene esta casa. Para los más pequeños tienen un mapa ideal para ellos.

Todo tiene un sentido, la orientación y las dependencias están ubicadas para aprovechar a lo largo del día los codiciados rayos del sol. Máximo Díaz era un aficionado a la música y la botánica, por lo que esto marca muchos de los detalles en la casa.

La casa estuvo muchos años abandonada
Debido a que estuvo unos cuantos años la casa abandonada, la gran mayoría de los muebles desaparecieron. Por suerte se han podido recuperar las estancias. Cómo por ejemplo las ventanas de guillotina de la habitación donde debería haber podido tocar su dueño original, con un sistema de poleas que al subir o bajar suenan unos tubos ocultos generando un sonido peculiar. Los balcones que hay junto a esta estancia están forjados en hierro y tienen integrados en la estructura unos bancos que miran hacia el interior, para que las visitas pudiesen admirar al músico.

Por desgracia Máximo Díaz estaba enfermo y apremió a Gaudí para que finalizase «El Capricho» lo antes posible para poder disfrutar de la casa. Nunca llegó a vivir en ella, ya que murió el mismo año en el que se finalizaron los trabajos.

La casa es una obra de arte en general. Pasear por las diversas estancias es un disfrute. Con la ayuda de la guía descubrimos los secretos ocultos y muchas curiosidades, el jardín también merece un paseo.

Después de esta visita por Comillas fuimos a comer al centro. Como aún estábamos con secuelas por haber estado enfermos, no pudimos disfrutar mucho de la gastronomía. El tiempo nos permitió visitar el cementerio Modernista pero nos acabó echando. Así que tendremos que volver para poder disfrutar de los encantos de Comillas, que alguno más nos quedó por descubrir.
Volvemos a Cantabria en 2024
Volvimos a visitar Cantabria en Familia en 2024 y estuvimos por la zona de Comillas. En esta ocasión estuvimos 10 días y pudimos visitar un montón de sitios que hemos dejado reflejado en un artículo. Si quieres conocer más sobre esta zona, no dejes de explorar nuestro blog.



Tiene una pinta estupenda, y los alrededores magnificos. Me he enamorado del jardín y lo de los girasoles.. oohhh.. que chulada. Me lo apunto para ir más adelante.
A parte de la Casa el pueblo también es precioso, seguro que os gustará. Esperamos que tengáis mejor tiempo que nosotros. Un abrazo